VIVIR EN LA CAVERNA

Una de las obras filosóficas con mayor simbología y sentido metafórico es sin duda el mito de la caverna de Platón. Este mito ha sido a lo largo de la historia objeto de muchas interpretaciones y ha servido como base intelectual de obras realizadas por grandes pensadores como José Saramago (con su novela propiamente titulada “La caverna”). Incluso me he llevado la sorpresa, que cuando he ido a buscar en internet información sobre este mito, al poner en Google “Mito de la caverna”, me han aparecido páginas donde aparecía “Matrix, el mito de la caverna”. El caso es que había visto esta película hace ya unos años (sólo la primera parte) y jamás se me pasó por la cabeza que pudiera tener relación con este conocido mito, pero después recordando el argumento (bastante surrealista) me dí cuenta que efectivamente guardaba relación con la realidad virtual descrita en ella.

El mito de la caverna aparece en la República de Platón como un diálogo entre Sócrates y Glaucón (hermano de Platón), en el que el primero pretende explicar cual es la situación del hombre respecto al conocimiento y a la educación poniendo como ejemplo a unos prisioneros que viven en una caverna de una manera “muy especial”. Estos prisioneros han nacido en esa caverna y viven allí desde siempre. Se encuentran postrados y atados de pies a cabeza con la espalda pegada a un muro, de tal forma que lo único que pueden ver es el fondo de la caverna. Detrás de ese muro se encuentra un pasillo, por encima de este una hoguera, y por último la entrada de la caverna que da al mundo exterior. Por ese pasillo andan personas que portan unos estandartes con figuras de hombres y animales que son reflejados en forma de sombras en el fondo de la caverna por la luz del fuego. Estas sombras serían para los prisioneros la autentica realidad, el mundo sensible, ya que es lo único que pueden captar a través de sus sentidos. Un día uno de estos prisioneros es obligado a librarse de las cadenas que lo atan y ascender por la caverna hasta el exterior. La luz del sol le deja prácticamente ciego los primeros momentos, y este busca las sombras y los reflejos de las cosas en el agua para guiarse por este nuevo mundo que ha descubiero. Conforme sus ojos se van adaptando a la luz, contempla poco a poco el mundo exterior, la naturaleza, su variedad de colores y formas, y por último la belleza del sol. Este mundo exterior que nunca había visto antes representaría al mundo de las ideas, el que es captado por la razón. El prisionero libre no se queda solo contemplando este mundo, sino que se ve con la obligación moral de bajar otra vez a la caverna y contarle a los demás prisioneros la grandiosidad de lo que ha visto, y hacerles comprender que las sombras que ellos han estado viendo toda su vida no son la auténtica realidad, sino un engaño, representaciones falsas de esta. Pero el prisionero libre no es bien recibido por los demás cuando vuelve ni mucho menos. Consideran que está loco, se ríen de las cosas que cuenta, es más, si pudieran todos librarse de sus cadenas no sólo es que no saldrían de allí, sino que cogerían al prisionero que quedó libre y lo matarían. El prisionero libre representa la figura del filosofo, que es aquel que después de mucho sufrimiento y dolor es capaz de librarse de las cadenas que lo atan y salir al exterior para conocer el mundo de la razón, pero después vuelve al mundo sensible. La situación de los prisioneros en la caverna representa el estado ajeno al conocimiento en el que se encuentra el ser humano. Solo los que fueran capaces de pasar por el doloroso proceso de librarse de las cadenas y salir de la caverna podrían conocer el mundo de las ideas, llegar al conocimiento. Y por último la reacción de los prisioneros de querer matar al prisionero libre representaría la ignorancia, la incultura y la violencia del ser humano para Platón.
Este es el mito de la caverna tal cual lo cuenta Platón:
I - Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.
Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
Ya lo veo-dijo.
Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!- dijo.
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
- Es enteramente forzoso-dijo.
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
- Mucho más-dijo.
II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?
- Así es -dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente -dijo.
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.
- Claro que sí -dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.

¿Se podría afirmar que el hombre hoy día sigue viviendo en esta metafórica caverna que describió Platón?,¿Se podría decir que si no fuésemos obligados a pensar por nosotros mismos, a entrar en ese mundo de las ideas, permaneceríamos siempre en la ignorancia, la incultura y la violencia?, ¿Se podría comparar la figura de aquellos hombres que portaban los estandartes por el pasillo de la caverna con los representantes políticos, con los líderes religiosos y con los medios de comunicación?,¿Se podrían asemejar las sombras de las figuras en el fondo de la caverna con toda la falsa realidad que estos anteriores (políticos, religiosos, periodistas) nos quieren hacer ver, como los ideales políticos, los valores religiosos o las verdades absolutas?, ¿Se podría equiparar al prisionero libre con aquel que hoy día es capaz de rebelarse, cuestionar al poder, ir a contracorriente de todos, y que es catalogado por su osadía como un loco?, y por último, ¿Se podría definir a esa caverna como el mundo en el que vive la inmensa mayoría de la población, el mundo de la ignorancia, el mundo de la pobreza, el mundo del sufrimiento y de la esclavitud....y el mundo exterior de la metáfora como el mundo de unos pocos, como el mundo de los privilegiados, como el mundo de los poderosos, como el mundo de la riqueza y la libertad?

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